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sábado, 6 de diciembre de 2008

Un adiós....


Me sigue resultando más fácil emprender la huída. Ahora duele y siento que, entre estas sábanas desde las que ahora te escribo y donde tanto hemos compartido,se ha quedado una pequeña porción de mi alma que jamás recuperaré. Y aunque las lágrimas cesan, el dolor está presente, y tu también: en el fondo te necesito más de lo que me gusta admitir. De hecho, si no existiese esa necesidad de ti, todo sería mucho más llevadero.

Pero no puedo permitirme el lujo de volver a tropezar. No puedo... No resistiría otra decepción. No quiero.

Y eso que has sabido pintar con tal delicadeza lo que sería un lienzo cargado de ilusión y pasión. Has sabido ganarme, y no te imaginas hasta que punto. Has conseguido retirar el yelmo de mi armadura y ahora me siento desprotegida ante los peligros de un amor que podría ser igual de maravilloso que de doloroso. Pero ese final solo lo sabe el destino, y yo no me atrevo a predecir cómo podría haber sido.

En vez de hacer gala de mi carácter apasionado y arriesgado, agacho las orejas y me alejo con paso apresurado de la fuente de mi posible futuro dolor. Y ahora me siento como un árbol al que le han arrancado las raíces, como un poeta que ha perdido su fuente de inspiración... Y quizás parezca fría y calculadora, y quizás así sea. Arranco con cabeza templada lo que puede remitirme algún tipo de daño, aunque al final no resultase así. Huyo de lo que siento, por cobardía. Y sé que no es justo que pagues por mis errores, por mi pasado, pero ¿qué más puedo hacer?

Ahora solo me queda regresar como ermitaño a mi cueva, con mi nueva coraza reforzada. Y es que, tengo el corazón tan curtido con tanta reyerta...

Y termino esta confesión con una frase de una canción que adoro: amar es el empiece de la palabra amargura...

Esto sí son, hoy más que nunca, reflexiones de una neurótica.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Sogas


Puede que ciertos tipos de personas prefieran la libertad pese a todo. Pero la misma es un arma de doble filo: por un lado te da alas para emprender todo aquello que quieras; por otro, es difícil saber utilizarla y no equivocarse, pues al no tener ataduras has de ser doblemente responsable para elegir el buen camino, o por lo menos, el más correcto.

Yo soy de las que prefiere estar atada, de algún modo, a algo; más que nada porque soy de las que se escapa fácilmente, y de cuanta más libertad gozo, más aprovecho. No sé ser responsable en ciertos aspectos, sobre todo en los emocionales. Soy mas bien un péndulo, que si lo miras objetivamente siempre esta en el mismo sitio, de un lado para otro, pero en el mismo lugar. Si lo ves desde mi pespectiva, a cada instante varía, y no para quieto. Puede que recorra siempre la misma trayectoria, pero cada ida y venida es distinta, con nuevas experiencias y nuevos fracasos.

Por eso requiero de la soga: una que no apriete, que no me asfixie, pero que esté presente. Una soga que no me retenga a la fuerza, sino más bien con argumentos de peso. Una soga que no sea definitva, que yo sepa que es rompible. Una soga de la que no quiera escapar. Es más difícil de lo que parece, lo sé. Cuando uno ata al final aprieta y aprieta y pierde el control de la fuerza que ejerce, y eso hace que la otra persona se ahogue. Pero yo hablo de un juego de dos donde la comunicación es la regla base y el objetivo común es la complicidad. Solo puede haber o dos ganadores o dos vencidos. Nadie debe apretar más al otro porque sino ambos saldrán perdiendo.

Este tira y afloja es la base de cualquier relación emocional . Pero se requiere de la soga, de una atadura sutil que te haga permanecer seguro y unido a la otra persona. Por lo menos, yo si quiero mi propia atadura....