lunes, 26 de marzo de 2012

La invitación de Oriah

No me interesa lo que haces para ganarte la vida.
Quiero saber qué es lo que deseas,
y si te atreves a soñar que encuentras
lo que tu corazón anhela.
No me interesa cuántos años tienes.
Quiero saber si te arriesgarías
a parecer un tonto por amor,
por tus sueños o por la aventura de estar vivo.
No me interesan qué planetas hacen la cuadratura de tu luna.
Quiero saber si has tocado el centro de tu propio dolor,
si las traiciones de la vida te han abierto una herida
o si te has encogido y cerrado
por el temor a sentir más dolor.
Quiero saber si puedes vivir con dolor,
el mío o el tuyo,
sin intentar esconderlo o disfrazarlo o resolverlo.
Quiero saber si puedes vivir con alegría,
la tuya o la mía,
si puedes danzar, salvajemente y
dejar que el éxtasis te llene
hasta las yemas de los dedos de las manos y de los pies,
sin advertirnos que debemos tener cuidado y ser realistas,
ni recordarnos las limitaciones del ser humano.
No me interesa si es verdad la historia que me cuentas.
Quiero saber si puedes desilusionar a otra persona
para ser auténtico contigo mismo;
si puedes soportar la acusación de ser un traidor
y no traicionar tu alma.
Quiero saber si puedes ser desleal
y por lo tanto digno de confianza.
Quiero saber si puedes ver la belleza
aunque no todos los días sean hermosos,
y si puedes trazar el origen de tu vida desde su presencia.
Quiero saber si puedes vivir con el fracaso,
el tuyo o el mío,
y a pesar de ello pararte a la orilla de un lago
y gritar "SI!" al plateado de la luna llena.
No me interesa saber dónde vives
ni cuánto dinero tienes.
Quiero saber si puedes levantarte,
después de una noche de dolor y desesperanza,
agotado y golpeado hasta los huesos,
y hacer lo que tengas que hacer
para dar de comer a los niños.
No me interesa a quién conoces,
ni cómo llegaste aquí.
Quiero saber si compartirías conmigo tu pasión, tu amor,
sin echarte para atrás.
No me interesa dónde,
ni qué, ni con quién has estudiado.
Quiero saber qué es lo que te sostiene desde adentro
cuando todo lo demás se rompe en pedazos.
Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo
y si te gusta de verdad

la compañía que llena tus momentos vacíos.

jueves, 19 de enero de 2012

El silencio que habla

 Cuando ya no quedan palabras ni hay nada que decir, escucha mi silencio. Cuando no te nombro, porque ya no estás presente. Mi silencio ante tus indirectas, mi silencio ante tus gritos. Lo que no digo cuando cuelgo el teléfono. Lo que no siento cuando me miras. Mi respuesta callada a lo que me dices. Lo que hace tanto que no digo...
 Los mensajes no respondidos. Las caricias invisibles y los ojos secos. Ya ni siquiera hay lágrimas: ni de pena, ni de rencor ni mucho de menos de amor. El seguir con mi vida sin dar un paso atrás. Los pensamientos que ya no te dedico y el tiempo que antes te prestaba y ahora me presto a mí. El latir de mi corazón sin ti, las noches de sueño sin pesadillas. Recupero las copas perdidas y vivo sin miedo a la despedida...

Así que escúchame sin oírme, pues no hay más que hablar. Sigo adelante como siempre, tengo una vida que sembrar...

martes, 22 de noviembre de 2011

Entre pétalos...

Pequeño pétalo rosado, cuántos saben de tu delicadeza y cuántos se aprovechan de ella. Muy pocos son capaces de ver tu belleza en la sencillez y humildad. Quizás tu olor no sea el más embriagador, pero deleita a los olfatos más exquisitos y exigentes, con tu dulce y tenue fragancia. Sigue siendo el más bello de entre los feos y el más feo entre los bellos.Pero sé tú mismo. Si quieres tener espinas, tenlas, no es solo derecho de la flor y su tallo. De hecho, no habría flor sin tu presencia. Recoges con cariño cada gota de agua que brota del cielo, habiendo pedido al cielo que llore o que no. La acoges con amor y la guías en su camino, pese a que la gota, quizás, no sepa siempre agradecértelo. Eres frágil: cualquier ventisca inesperada puede romperte, quebrarte y , pese  haber pasado algún que otro temporal, ahí sigues, perfecto en tu esencia. No necesitas que nadie te diga lo hermoso que eres, lo eres, simplemente. Mira a tu alrededor, al resto de seres que te rodean. Algunos están dañados por las mentiras, por el egoísmo, por la ineptitud o por sus fracasos. Tú permaneces inamovible.

Algunos insectos intentaron mal aprovecharse del néctar que emana de tu flor, de esa de la que formas parte.Y tú, te plegaste hacia tu interior defendiéndote de esos ataques, pese a que algunos de ellos fueran difíciles de percibir en principio. Y sigues siendo bello...

Lo que nadie sabe es que tus días llegan a su fin. Eres pétalo caduco y, como todos, deberás dejar camino a los nuevos que broten. Hubieses seguido tu ciclo si no fuera porque yo, un día, me decidí a detenerme ante esa rosa, a mirarla detalladamente y a recaer en tu presencia.  Con mis bruscos dedos y quizás, malas maneras, te dañé sin piedad extrayéndote de tu matriz y exponiendo tu alma a las condiciones más peligrosas.    Te dejé sin tu alimento, sin tu apoyo y  sin tu raíz. Arranqué lo que eras, solo para que fueses mío, por mis ansias de poseerte. Y ahora, cuando te observo seco y arrugado, me arrepiento de la decisión que tomé: no fui capaz de suplir aquellas carencias que yo mismo te causé conscientemente, pues tú, en tu rosa, eras lo que el mundo te había destinado a que fueras, y por mi culpa moriste en mis manos, sin que yo pudiera hacer nada para reparar el dolor que había causado, pese haber prometido que siempre cuidaría de ti...

sábado, 30 de julio de 2011

Diálogo

- ¿A qué esperas? Levántate y vé hacia ello... Están ahí, frente a tí. ¿Es qué no los ves?
- No consigo verlos...¿Dónde dices que están? No puedo divisarlos desde mi posición.
- Es que desde donde estás no se ven. Sube un poco más alto. Desde aquí se ven claramente.
- Creo que no podré subir hasta donde estás. Sigue sin mí. No dejes que te retrasen mis miedos, mis inquietudes, mis anhelos, mis dudas... Lucha y alcánzalos. Yo me quedo aquí, viéndote mientras te alejas, rezando por tí y deseándote lo mejor.
- No seguiré sin ti. Dijimos un “para siempre”y para siempre será.
- No puedo... no tengo fuerzas. Tú caminas más rápido que yo. Quizás algún día logre alcanzarte, pero por ahora no puedo. Me quedaré aquí esperando... Quizás poco a poco se vayan acercando a mi.
- Eso no pasará. Se irán alejando. No esperan a nadie. Es más, la mayoría de veces huyen de los humanos. Hay que perseguirlos un poco, pero se terminan por encontrar. Tras aquella colina diviso uno. Sube aquí conmigo, cargaremos las escopetas y le alcanzaremos. Además tenemos a Boby, nuestro perro, una vez le hayamos dado, nos ayudará a cogerlo. Pero te necesito aquí. Yo solo no puedo.
- Siempre has podido sin mí. Llevas años haciéndolo solo... No me necesitas. Tú puedes. Confío en que puedes.
- Antes podía porque eran más pequeños, menos importantes. Por favor, no me dejes solo. Ven conmigo. Necesitamos alimentarnos. Moriremos si no los vamos cazando. Si no, pronto empezaremos a encontrarnos mal, caeremos enfermos. Nuestro corazón se irá debilitando. Es posible que incluso deje de latir... Vamos a por él. No parece difícil de alcanzar.
- No puedo apenas abrir los ojos. Si me quieres es mejor que sigas sin mí. Solo conseguiré retrasarte. Jamás lo lograrás cargando conmigo. Lucha: se resisten. Estaré bien. Por favor, déjame aquí. Quiero quedarme aquí.

    Respetó mi decisión y con paso firme se fue alejando. Con un tímido beso rozó mis entrañas. No miró atrás. Sabía que en el fondo yo era su lastre, el ancla que no le dejaba avanzar. Pero le cegó la ilusión: la ilusión de compartir una vida. De encontrar al yang de su ying. De experimentar en sus adentros lo que era el amor (eso de lo que tanto había oído hablar y que aún no conocía pese haber pasado la veintena de edad). Contaba con Boby, un fiel compañero que siempre estaba a su lado. Había poseído otros canes, incluso varios a una misma vez, pero nadie como Boby. Él le apoyaba en todo. En los malos momentos siempre recurría a él y viceversa. Se entendían bien. Sabía que, aunque en un principio le costaría algo más, iba a terminar por cazarlos.

    Eran sus sueños. Algunos de ellos también eran míos. De hecho algunos incluso fueron nuestros. Yo los dejé ir por motivos que aún desconozco, pero él no podía. Era un luchador nato, y sabía que llegaría lejos. De hecho no me equivoqué. Llegó tan lejos que ni la Luna fue capaz de verlo jamás después de aquella noche...

lunes, 4 de abril de 2011

En el peor momento...

Como dos senderos que se unen
así nos encontramos.
En minutos austeros,
en segundos amargos.
Quizás la peor hora,
para empezar a amarnos...

En silencio susurrábamos,
los gritos de desamparo.
Guardando luces de estrellas,
acallando rumores infundados,
deshojando anocheceres,
perdiendo el alma en las manos.

Y a pesar del duelo que vivimos,
cada uno con el pasado a cuestas,
entrelazamos nuestros dedos,
soportamos nuestras penas.
Ahogamos llantos reprimidos,
aflojamos esas cuerdas,
que dificultan el camino,
que lastran nuestra fuerza.

Amor, que lo dejo todo,
que ya no pierdo nada.
Que nada tengo sino te siento,
que ya no siento, si no te encuentro.

Y todo en el peor momento...
En los minutos más austeros,
en mis segundos más amargos,
sin duda,la peor hora,
para empezar a odiarnos...